La exposición “Passion for Perfection” reunirá una de las mejores colecciones de Arte Islámico del mundo. Se podrá visitar del 11 de diciembre al 17 de abril de 2011 en “De Nieuwe Kerk”, ubicado en la céntrica Plaza Dam de Amsterdam. En esta ocasión la exposición reúne lo mejor del Arte Islámico, verdaderos tesoros de la colección Nasser: Coranes, manuscritos, pinturas, joyas, textiles, cerámicas, tallas en madera, objetos de cristal, de oro y de metal componen la selección de objetos de gran valor artístico e histórico que ilustrarán el refinamiento y la grandeza del Arte Islámico. Esta selección de la colección privada perteneciente al Profesor Nasser D. Khalili incluye 500 piezas de todo el mundo islámico: desde China e India hasta Irán e Irak, y también Egipto, Túnez, Turquía o España. Datos de interés: Arte Islámico, colección Profesor Nasser D. Khalili Museo Nieuwe Kerk de Amsterdam Plaza Dam de Amsterdam Del 11 de diciembre de 2010, al 17 de abril de 2011
Las joyas que diseñaron a lo largo de su vida artistas como Josep Llimona, Manolo Hugué, Pablo Gargallo, Alexander Calder, Georges Braque, Salvador Dalí o Pablo Picasso se confrontan y ponen en diálogo con sus pinturas, esculturas, fotografías y tejidos en una exposición única en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), que abre sus puertas mañana hasta febrero de 2011.
"Joyas de artista. Del modernismo a la vanguardia" descubre las relaciones que existen entre la joya y la obra de arte. La exposición, la primera sobre este tema organizada en nuestro país, muestra la faceta más inédita de Auguste Rodin, Hector Guimard, Josef Hoffmann, Josep Llimona, Serrurier-Bovy, Henri Van de Velde, Manolo Hugué, Paco Durrio, Pau Gargallo, Max Ernst, Salvador Dalí, Georges Braque, Alexander Calder, Charlotte Perriand, Hans Arp, Pablo Picasso, Juli González o Henri Laurens, entre muchos otros. Bajo el título "Joyas de artista. Del modernismo a la vanguardia", la exposición, que reúne 340 piezas, explora por primera vez el acercamiento al ámbito de la joyería de los artistas que encabezaron los principales movimientos de las primeras décadas del siglo XX. Pintores y escultores, desde tiempos remotos, han traducido sus formas plásticas al mundo de la joya pero no será hasta el siglo xx, bajo el poderoso influjo del art nouveau, cuando los artistas se aproximarán a esta disciplina de una manera más abierta: “Realizar una obra de arte”, según Otto Wagner, significa “expresar la belleza sin hacer distinción entre grande y pequeño”.
La fusión de las artes que protagoniza el modernismo y la consiguiente abolición de las fronteras entre las artes fue in crescendo durante las décadas de 1920 y 1930, y cristalizó con las interesantes y numerosas incursiones en el mundo de la joyería que hicieron los pintores, los escultores y los arquitectos de las vanguardias históricas. En la producción de estos objetos de pequeño formato (“microesculturas” o “Joyas pintadas”) los artistas vehiculan sus propuestas plásticas desde diferentes puntos de vista.
La exposición se abre con una selección de piezas realizadas por joyeros artistas, que en muchos casos cultivan, asimismo, talentos múltiples, y que incorporan a sus creaciones las aportaciones de los movimientos artísticos de la época.
En este primer ámbito de la exposición hay que destacar las joyas realizadas por René Lalique que, ya en el momento de su creación, fueron adquiridas por los museos europeos, por ricos amateurs y coleccionistas, como en el caso del colgante adquirido por el director del Museo de Hamburgo en la Exposición Universal de París de 1900, las joyas adquiridas por Calouste Gulbenkian o el colgante inédito que Antoni Amatller compró en París para su hija Teresa. En diálogo con estas piezas se presentan las realizadas con ricos esmaltes y gamas variadas de colores por el joyero barcelonés Lluís Masriera, quien tuvo un papel clave en la difusión del nuevo estilo en Barcelona.
El corazón de la exposición lo conforman las joyas concebidas por artistas no joyeros, como Hector Guimard, Paco Durrio, Manolo Hugué, Herich Heckel, Pablo Gargallo, Julio González, Joaquim Gomis, Ramón Teixé, Anni Albers, Charlotte Perriand, Alexannder Calder, Henri Laurens, Hans Arp, Pablo Picasso, Georges Braque o Salvador Dalí. Este segundo ámbito muestra las producciones de estos artistas en relación con su obra más habitual, la pintura, la escultura, la fotografía u otras creaciones, para establecer un paralelismo con las disciplinas artísticas que cultivaron, mostrando las afinidades y reverberaciones existentes.
El legado del movimiento Arts and Crafts y de la Bauhaus, que apuestan por la integración de todas las artes, se hace patente en la obra de estos artistas, que abren un camino hacia la experimentación plástica, cuestionando la propia naturaleza de las joyas, y que incorporan en su producción materiales nuevos, ajenos a la tradición de la orfebrería. Muestra de todo ello son las insólitas creaciones de Ramon Teixé en hierro, vidrio, esmaltes y cordeles, o las joyas del escultor Josep De Creeft realizadas con restos de metales procedentes de su automóvil. Sin olvidar las joyas de la arquitecta y diseñadora Charlotte Perriand o las realizadas por el fotógrafo Joaquim Gomis en colaboración con Manuel Capdevila, que incorporan conchas y piedras de playa y de río, verdaderos objetos encontrados.
En el lado de estas joyas de ejecución manual y a menudo realizadas con materiales no preciosos, se exponen las diseñadas por Braque o Dalí y realizadas por joyeros profesionales con materiales nobles, como los rubíes, los zafiros o los diamantes.
Un tercer ámbito de la exposición explora la relación entre el cuerpo y la joya, y en él se muestra una selección de trajes, cedidos fundamentalmente por el Museo del Traje de Madrid, y fotografías de los años 30 de Man Ray, Edward Steichen, George Hoyningen-Huené, y Horst P. Horst. Obra de Alex Calder procedente de The museum Modern Art de Nueva York, que se muestra conjuntamente con otras 300 obras, en la primera exposición en España dedicada a las joyas de artista.
UN RECORRIDO POR LA HISTORIA El itinerario debe comenzarse, entrando hacia la izquierda, por el área dedicada al Próximo Oriente y a Egipto, donde se encuentran dos imponentes sarcófagos, un gran vaso canopo y, procedente de Irak, una estatuilla de piedra (2500 aC.) representando a un orante sumerio. De semejante antigüedad, aunque referidas a contextos bien diferentes, son algunas de las piezas más destacadas de la sección dedicada a la Prehistoria: El Ídolo de Extremadura, arte conceptual de exquisita factura en alabastro, está datado en el Calcolítico, mientras que los cuencos de Axtroki, en oro, pertenecen a los comienzos de la Edad del Bronce y reproducen un modelo que, con notables variantes formales, se repite desde Escandinavia a la Península Ibérica y desde las Islas Británicas hasta Centroeuropa.
En tiempo aún más remoto, en el Neolítico Medio (VI-V milenio aC.), sorprende la cuidada elaboración de unas sandalias de esparto encontradas en la Cueva de los Murciélagos (Granada); objetos que -como el bifaz madrileño del Periodo Achelense (200.000 años), que debió ser una herramienta multiusos durante miles de años- dan cuenta de la sorprendente evolución del ser humano en cuanto a la técnica artesanal.
La civilización griega está representada por apenas una docena de piezas de cerámica de los Periodos Arcaico y Clásico, procedentes del Ática y del Sur de Italia: cráteras, vasos, lebetas, hidrias, copas y lécitos cuya decoración ofrece una serie de relatos mitológicos donde héroes y dioses se erigen en protagonistas de objetos cotidianos o de uso ritual
La Protohistoria peninsular, con la que se cierra este sector de la exposición, presenta una amalgama de influencias que conviven en nuestro territorio a lo largo de la Edad de Hierro: De estilo orientalizante son el llamado Sacerdote de Cádiz -una figura de bronce y oro, que en realidad ha sido identificada como la representación de una divinidad oriental- y el Tesoro de la Aliseda, que denota una avanzada tecnología en el tratamiento del oro. También de origen fenicio es la Dama de Galera, verdadera diosa de la fertilidad, sentada en un trono y flanqueada por dos esfinges.
Otra Dama, la de Ibiza, que fue hallada en la necrópolis de Puig des Molins, se ha identificado con la diosa púnica Tanit; y también de las Islas Baleares proceden los llamados Bous de Costitx, una cabeza de toro y otra de becerra fundidos en bronce (el tercer ejemplar se encuentra en exposición itinerante) y pertenecientes a la cultura Talayótica. Esta sección comparte su espacio con una importante colección de armas y adornos vettones y celtibéricos.
Entramos en la Sala de Escultura Ibérica que, presidida por las tres grandes Damas del Museo -la de Elche, la de Baza y la del Cerro de los Santos-, hace las veces de bisagra entre las dos grandes secciones de la exposición. En ella se encuentran también la Bicha de Balazote y los restos de los monumentos funerarios de Osuna como exponentes del arte ibérico .
La muestra recoge las huellas de Roma en territorio hispano a través de una serie de piezas representativas de la cultura latina: un mosaico de gladiadores, así como varias estatuillas de bronce representando lares y genios protectores del hogar. Como legado tecnológico encontramos una bomba hidráulica, soberbia pieza de ingeniería, y un reloj de sol. Y la Lex romana está presente en una de las cinco tablas de bronce donde se recogía el texto legislativo que regulaba la vida de una ciudad del siglo I, en todos sus aspectos. Destaca en este sector, por ser una de las últimas piezas adquiridas para la colección del Museo, una estatua en mármol de la diosa Urania, en actitud reflexiva.
Si hay un conjunto, entre todos los expuestos, que haya ganado en consideración con respecto a su anterior ubicación, éste es el Tesoro de Guarrazar. Dispuesto en un espacio autónomo, la iluminación actual permite admirar la extraordinaria belleza de sus piezas como nunca antes fueron vistas. El recorrido continúa a través de la Edad Media donde árabes, cristianos y una influyente minoría judía, conformaron diferentes entornos culturales: un surtidor de la fuente de Medina Azahara y el astrolabio construido por Ibn Sahl en el siglo XI, por una parte, y el maravilloso crucifijo románico de don Fernando y Doña Sancha, junto con las imponentes figuras de alabrastro -procedentes del desaparecido convento de Santo Domingo el Real- de las sepulturas de don Pedro I y doña Constanza de Castilla, por otra, dan cuenta de este cruce de culturas que presidió nuestra Edad Media.
Las piezas escogidas de la colección numismática del MAN se reparten a lo largo de todo este itinerario pero además, como colofón, se ofrece una selección de las monedas más importantes de nuestro patrimonio: Único es el cuaternión de oro de Augusto, pieza de ostentación, como también lo son la Gran dobla de Pedro I de Castilla y León y el Centén de Felipe IV, que es la de mayor valor y tamaño de la Monetaria española.
Este recorrido por la arqueología se cierra en el siglo XIX. De este último periodo han de destacarse una estatua ecuestre de bronce representando al Héctor troyano, obra del escultor renacentista Filarete, y una silla de manos, de gusto rococó, que el pintor Luis Paret decoró con escenas de amor y celos protagonizadas por personajes mitológicos. Este itinerario, breve pero intenso, da cuenta de lo mejor de nuestra historia y nuestra cultura a través de los Tesoros custodiados en el MAN, que no por desconocidos han de ser menos valorados. Catálogo exposición Tesoros
Es una de las grandes exposiciones de la temporada. “Pasión por Renoir”, que podrá verse en el Museo del Prado desde el 19 de octubre hasta el 6 de febrero, conforma la primera muestra monográfica dedicada al pintor francés en España. La exposición reúne 31 obras del artista procedentes de la colección privada del Clark Art Institute (Williamstown, Massachussetts), institución norteamericana que conserva uno de los conjuntos más importantes de obras de Renoir.
En la muestra están representadas las etapas más destacadas de la trayectoria del pintor, entre 1874 y 1900, así como los principales géneros que cultivó: el retrato, la figura femenina, el desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta y las flores. Ese interés por la figura humana, poco frecuente entre los impresionistas, le llevó a convertirse en un pintor de autorretratos y retratos, especialmente femeninos, género esencial en la trayectoria del artista. Algunos de estos retratos fundamentales de Renoir podrán verse en el Prado estas próximas semanas, como es el caso de “Retrato de Madame Monet” (1874), “Palco en el teatro” (1880) o “Muchacha dormida” (1880).
ambién encontramos entre los cuadros cedidos por el Clark Art Institute algunos paisajes, género por excelencia del impresionismo, como “La barca-lavadero del Bas-Meudon” (1874) o “El puente de Chatou” (1875). Mención especial merecen los desnudos. Un género académico sobre el que Renoir reflexiona y con el que se dirige de nuevo al pasado. El pintor francés recupera con ellos las formas y anticipa la recuperación que sufrirá este género en el siglo XX. Un ejemplo fundamental es “Bañista peinándose” (1885). Durante más de cuatro décadas, el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark (1877-1956) reunió más de 35 obras de Renoir, a quien consideraba la quintaesencia del impresionismo, de las que se pueden ver 31 en el Prado.